Reseña - No Time to Die
País: Reino Unido / Estados Unidos
Director: Cary Joji Fukunaga
Elenco: Daniel Craig, Léa Seydoux, Rami Malek, Ana de Armas
Sinopsis: El retiro paradisíaco de James Bond se ve interrumpido cuando su viejo amigo de la CIA, Felix Leiter, le pide ayuda para rescatar y arrestar a un científico ruso que puede manipular una tecnología muy peligrosa. La misión se revela como parte de una conspiración mayor que pone el pasado, presente y futuro de Bond en juego para detener a un misterioso terrorista que tiene en su poder un virus altamente letal.
Han pasado casi 70 años desde que Ian Fleming publicara el primer libro que tenía como protagonista al 007. En 2021, del James Bond de Fleming no queda prácticamente nada más allá del nombre y alguno que otro sello. Encarnación tras encarnación, película tras película, el personaje se ha transformado de un modo casi imperceptible. Cosa que no es rara si tomamos en cuenta que van 25 películas. Probablemente el cambio más importante realizado con la llegada de Daniel Craig en 2006 es el arco emocional del que se dotó al súper espía, y que no se veía desde On Her Majesty's Secret Service (1969). Es el cierre de eso mismo lo que representa lo mejor de No Time To Die. A lo largo de sus cinco filmes, la problemática a nivel mundial que enfrenta el Bond de Craig funge más bien como un espejo a gran escala del conflicto interno y emocional de un hombre incapaz de generar vínculos afectivos con las mujeres que han definido su vida; la madre ausente cuasi endiosada; la jefa sustituta de aquella; las amantes que arrasan con cada mecanismo de defensa que el tipo levanta para no volver a sufrir el dolor de la traición maternal; y finalmente el verdadero amor que, de forma literal y figurada, no podría estar en un lugar más diferente al de él. Todo eso encuentra su apoteósico y consecuente final en esta nueva entrega.
Desafortunadamente, este fantástico desarrollo de personaje no encuentra eco en el resto del reparto. Lo anterior se hace notorio en Safin, el villano de esta entrega. Aunque Rami Malek hace un loable esfuerzo histriónico para sacar adelante al personaje, la realidad es que no encuentra respaldo en el guión, que tiene a su Safin solo como un recurso narrativo para empujar al héroe a su destino, en lugar de ser una antítesis que subraye a través del contraste su dilema interno, como en aquellos memorables villanos que interpretaron Javier Bardem, Christoph Waltz, Mads Mikkelsen, y el omnipresente Jesper Christensen.
Peor aún resulta lo que Sin Tiempo para Morir hace con la Madeleine Swann de Léa Seydoux. De ser quizá lo mejor de Spectre (2015), un personaje de múltiples matices e imponente presencia escénica, la nueva cinta la reduce a una mujer doliente, casi que una damisela en peligro (estereotipo que las chicas Bond de la era Craig se habían esforzado en romper). Hay aspectos técnicos que refuerzan esta degradación creativa, como el diseño de vestuario asignado a ella, porque claro que una madre no puede ser sexy; eso mejor se lo dejamos a la exótica cubana que aparece 10 minutos en pantalla.
El nuevo director, Cary Fukunaga (True Detective. Beast of No Nation) no haya una voz propia dentro del universo del 007. Más allá de secuencias y tomas milimétricamente planeadas para recrear aspectos visuales icónicos del personaje que funcionan bastante bien, Fukunaga se limita a reproducir la estética que le dio éxito a Sam Mendes en las dos entregas anteriores, y se apoya demasiado en el score de Hans Zimmer para lograr emotividad en sus escenas.
No cabe duda que James Bond siempre ha sido producto de su época. Nacido en el seno de la Guerra Fría con el propósito de combatir el comunismo soviético, y personificando un modo de vida inglés que estaba dejando de ser, el 007 es un fenómeno de la cultura pop que ha sabido modificar lo justo para mantenerse vigente tanto tiempo. Pero no dejar de ser lo que fue, ni lo que es. Y tal vez, solo tal vez, ya no hay lugar para él, para su mito, en el mundo actual. Un mundo que, nada más para empezar, se las está teniendo que ver de verdad con un virus letal. No Time to Die no es, ni por error, las extraordinarias Casino Royale (2006) o Skyfall (2012), pero quizá llega en el momento justo para evitar que su héroe, y el de muches, se convierta en una maquinaria anquilosada y cubierta de telarañas de una época pasada que parezca que todavía funciona, pero que en cualquier momento provoca un incendio destructor de sí misma y de lo que hay alrededor.
Si así resulta ser, quien escribe estas líneas es un convencido de que todes y cada une de quienes somos fans podemos estar agradecidos de haber presenciado la mejor etapa del personaje. Así como James Bond ha sido testigo, y espejo, de la historia de la humanidad, nosotres pudimos escuchar su historia. Su nombre, lo conocemos todos.
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